La Fiesta debe continuar. La gente ser feliz. Esto es un mundo aparte. El Planeta de los Toros. Todo se acaba pero la gente está feliz. Y es que la ignorancia es la madre de la felicidad.
Orejas música, aplausos, rabos. Copas pre y post. Tertulias. Música. Pasodobles toreros. Homenajes a Marcial o a Manolete. Hoteles llenos. Luces en la plaza. Arena teñida de sangre. La animal y la racional. Luces en los hoteles. Furgonetas de toreros. La más racional de todas las fiestas. Vestigios de grandeza. Todo se ha ido al garete. La Fiesta expira y nadie se da ni cuenta.
La felicidad del gran público empaña todo de un positivismo irreal. Los aficionados están cabreados. Ganaderos convertidos en ganaduros. El ladrillo da paso al cortijo. Las relaciones sociales a los corrales. Todo ha cambiado. No queda ninguno de los de antes. Sólo los recuerdos. Formas de ir por la vida. Bien para pegar un pase a un tratante o bien para querer a una mujer. Bien para ser ganadero…
El ganadero no puede criar sus toros. Los toreros ya no saben torearlos. El sistema, dicen…quien sabe. Tener una hacienda con parrales. Casas en ruinas. Aires de grandeza pasada. Economía sostenible. Guerrillas que quedan contadas con los dedos de una mano. Luchan contra gigantes. Gigantes en falta de pasión. De superación. De torería. La guerra ha acabado. Hasta que se cansen de luchar. Otros han ido cayendo…
Tan solo quedan cenizas. Las que se apoltronan en los cementerios de los pueblos. Pasado grandioso enterrado bajo panteones. Cenizas. Las de la leña del invierno. Llegará otro invierno y mirarás la leña arder. Tertulias al calor de una chimenea. “Tal este año”… “si un toro me embiste en”…”.la afición me espera”…..”puede que a este torero le de por torear mis toros”…..de ilusiones se vive. Los toreros no quieren torear tus toros. Este año será como el anterior y el anterior. Aunque el toro embista pocos se acordarán de él, de hecho puede que ni lo entiendan. La afición ya no tiene fuerza. Los veedores no pasan por casa. El empresario no llama. Economía insostenible. Mejor pasarse al manso. O al cochino. ¿Qué más da si no puedo ser lo que realmente soy? La capitulación del toro ha llegado.
Los toreros ya no lo son tanto. Torean mejor que nunca pero se respetan menos que nunca. Valor sereno y monofaena ante monotoro. Sin incógnitas. Sin grandeza. Sin misterio.
En Barcelona están a punto de darnos la puntilla. Una plaza menos. ¿Qué mas da si sólo quedaba una en Cataluña? Dónde estuvimos cuando cerraron todas las demás? ¿Quién tiene la culpa de esto? No miremos hacia otro lado. Si no quisiésemos no habría ocurrido. Sólo han pensado en llevárselo crudo.
“Amo no corra que son molinos de viento”……no. Son gigantes. Un espejo en el que nos reflejamos nosotros mismos. Gigantes inertes con asas en lugar de brazos que se mueven por la fuerza del viento incapaces de dirigir su propio destino. El fiel reflejo de lo que somos nosotros mismos.
