No acababa todavía de empezar mis estudios en la Universidad cuando ya me estaban hablando de ello. Prácticamente fue lo primero que vimos. Empezamos con el Taylorismo y el Fordismo. Importantes señores de los que los profesionales liberales se acuerdan a diario porque, de un lado, se cargaron la independencia del trabajo de las personas y de otros se acuerdan porque fueron los pioneros de maximizar la productividad del trabajo. Amos que cada unos e acuerda por lo que le interesa.
El primero midió los movimientos de los obreros en el trabajo para simplificarlos y sacar el máximo rendimiento. El segundo inventó y desarrolló la cadena de montaje. El rendimiento se elevó exponencialmente. Del uno vino el otro. Al igual que una persona averigua algo y otra tira más del hilo o de un inventó sale, con el paso del tiempo, otro todavía mejor. Entre las dos teorías dieron forma a lo que a lo largo del siglo venidero fue una constante a la hora de industrializar países y de exponenciar los beneficios. Y hasta que otro invente algo diferente la cosa sigue así. Una pequeña investigación que cambió el mundo y la forma de trabajar en el mismo.
Con los toros pasa algo parecido. Hace no mucho tiempo había un montón de ganaderías y de encastes que se lidiaban en las ferias. Todos seleccionaban igual y todos creaban, casi artesanalmente, su propio toro. Un producto artesanal. Pero que duda cabe que el mundo avanza. O al menos eso creemos. Y los toros también. Así que de hace unos años acá el toro también se ha estandarizado. Todos creemos que el toro se estandariza para bien, para aumentar beneficios, dar trabajo a más gente, mejorar el espectáculo……lo típico. Pero sabemos que esto no es así. Realmente no se quién lo inventó. Porque creo que ha sido un poco cosa de todos. Me refiero que es muy recurrente echar las culpas a Juan Pedro y sus “toros artistas” pero realmente eso no es así. Se juntan muchos factores por los que hemos llegado a esta situación.
El ganadero crea un toro para los toreros. Que embista repita y aguante la faena moderna. El público exige un toro grande. El empresario quiere llenar la plaza y pagar lo justo (justo de cantidad, no de justicia). El toro actual admite esos pesos pero prácticamente sólo los admite los de un determinado encaste. Luego llegan los toreros que quieren dos cosas: seguridad y regularidad. La primera es relativamente normal e inherente al propio ser humano. La segunda relativa a su profesión y a su administración(toro regular, triunfo regular, dinero regular).
Así que llegan nuevos ganaderos, los que quieren triunfar en esto. Ahí aparece la vanidad. Y crían un toro que es el que quieren los toreros. El toro es grande, “embiste” y es regular. Todos contentos. Torero, ganadero, empresario y público(que no afición).
Así que al ganadero de toda la vida que cría sus toros chicos, que se mueven, son menos regulares, más exigentes, más peligrosos y que además los toreros no tienen ni idea de “lidiar”(palabra muy importante en el argot taurino ya en desuso) no les quedan más bemóles que pasarse al monoencaste. ¡Ojo! Monoencaste y que embista, pero que embista lo justo que no sean tan bravos como los que ellos criaban antes. Y así son las cosas señores. La rueda sigue girando. Como se suele decir: “a tragar”.
Y por todo esto es por lo que hemos creado el toro estandarizado en la cadena de producción española del toro de origen Domecq. Esto no quiere decir que ese toro sea malo ni mucho menos. Quiere decir que es un toro regular, y que dentro del espectro ganadero español es el toro que más se cría lo que está provocando que los toreros no sepan lidiar otro tipo de encastes, que los aficionados y el público en general se queden sin ver otro tipo de toros salvo en contadas ocasiones en los que se lidian torazos que no acaban de embestir ni de convencer a nadie.
No puede ser que en tan pocos años entre todos se hayan cargado la variedad de encastes que había hace muy poco tiempo y que no tengan ninguna intención de salvarlos.
Desde estas líneas en las que defiendo el un posición no quiero decir que el toro de Domecq no embista ni que sea tan malo como lo pintan muchos. Pero desde luego que creando ganaderías que son desechos de otras estamos llegando a un toro grande, zambombo y sin ningún tipo de emoción( que palabra más importante) ni clase embistiendo(es curioso ver como los toros salen de la muleta con la cara a media altura despistados y sin la codicia de seguir los vuelos de la muleta).
Lo dicho. El toro y la cadena de producción.
El capitalismo salvaje está en crisis. Los toros también.




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¡ Cuan cierto es esto, mecachis!