No quiero más que unas pocas líneas para hacer una reflexión a la que me gustaría que los lectores prestaran un poco de atención y les hiciera pensar un poco.

 

Siempre se dice aquella vieja frase de la libertad del que tienes enfrente acaba donde empieza la tuya. Es una gran verdad. De esas de perogrullo que dice mi amigo Faustino. El caso es que estas palabras me vienen a la mente en la víspera de unos días tristes. Porque al escribir estas palabras me encuentro bastante triste. Tal como están las cosas en el barullo éste de país en el que vivimos los políticos no tienen otra cosa que sacarse de la mano leyes de esas que hacen daño a la libertad. La de verdad. La tuya y la mía. La de andar por la calle. La de andar por casa.

Definitiva o casi definitivamente en Cataluña va a haber una ley abolicionista. En este caso de las corridas de toros. De una tradición secular. Y todo esto aireado por un partido político que en vez de dedicarse a resolver los problemas de las personas. Los de verdad. El tuyo. El mío. Se dedica a querer erradicar de su territorio de acción todo atisbo de españolismo o de españolidad. Pero el caso es que en esta ocasión me toca la úlcera. ¿Por qué? Porque las verdades son  verdades pero a medias.

Cierto es que la iniciativa legislativa popular permite que con unos cuantos miles de firmas se lleve al parlamento una propuesta de ley.  Y esta vez es eso lo que ha ocurrido. Tan cierto es como que el agua moja. Pero no es  menos cierto que votar NO a las corridas de toros es algo muy fácil. Destruir es siempre mejor que construir. Y más cuando se destruye desde un partido político con la colaboración de otros cuantos. Uno hace el trabajo sucio por los demás. Y luego todos votan lo que en teoría el pueblo ha querido.

Pero el problema viene de lejos. Esta sociedad en la que vivimos se encarga de recordarnos un  mundo descafeinado. De leche desnatada en el que al mediodía recuerdas lo que de verdad pasa en el mundo mientras ves el telediario pero que sin embargo no te deja ver la realidad en tus propias narices porque la realidad es demasiado dura para aceptarla. Hasta las alitas de pollo que compras en el supermercado son ahora todas iguales. De cadena de producción. De pollos claro. Fordismo puro. Como todo en esta vida.

Y el tema de los toros escuece porque como otras veces he comentado en este espacio de Internet los toros son la representación máxima de la vida. Y eso no gusta, Es mejor decir que es una barbarie propia de otras épocas y mirar hacia otro lado. Pero eso además que eso no es cierto y que nos sobran los motivos para defendernos es verdad pero no es de eso de lo que trata éste artículo. Trata de cómo el sistema taurino imperante se ha dejado comer la tostada. De cómo los toros no llegan a gran parte de la sociedad porque entre la Fiesta y muchísimos colectivos que nos rodean y viven en nuestras calles existe una barrera infranqueable que no sabemos cómo podemos superarla. De cómo la Cataluña taurina se ha caído del guindo porque los nacionalistas de izquierdas(vaya contradicción entre estas dos palabras) se han encargado de ejecutar a la misma. Pero eso sí, sin tocar los festejos populares de correr los toros por la calle porque esos festejos son eso mismo, populares y si los quitan pierden votos. Esos no interesan. No interesan a los políticos claro porque a los “antis” les da igual arre que só. Por ellos se elimina todo lo relacionado con la Tauromaquia. Hasta los toros. Para lo que sufren mejor meterlos a todos en el matadero y de un certero tiro se acaba el sufrimiento del animal.

No se puede tener tanto descaro ni tanta sin vergüenzaza pero lo único que puedo decir es que dentro de pocas fechas en Cataluña se va a atentar contra la libertad,. Contra la de una minoría. La de una inmensa minoría que viene siendo maltratada, humillada y arrinconada en Cataluña desde hace muchos muchos años.

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