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No hace ni dos semanas que ocurría. Los toros llegaban a su fin en la plaza de toros armera. Y a su principio.- Porque cabe decir que era la primera corrida del año en Eibar. Y la última. Curiosidades del destino.

Dentro de poco derrumbarán la plaza y en ella se va a eregir un moderno coso multiusos. Cosos en los que no molesta el viento, de esos que no tienen ningún tipo de calor taurino. Les falta alma para que llegue el soplo. Bueno lo que realmente pasa es que desde que Paula dejó esto el soplo desapareció de los ruedos.

El problema de Eibar es la falta de suelo. Que solo se puede construir hacia arriba. O en el monte. Y no es cuestión vamos. Que el monte está muy verde y no vamos a cargárnoslo. Está precioso como está que coño.

Pero bueno que me voy por las ramas(o por los montes). Me dirigía a taquillas a sacar mi entrada cuando a los lejos empecé a escuchar unos gritos. Tirando a feroces la verdad.

Estruendo típico de aglomeración humana. Estruendo típico de la protesta. Y sí una vez más era una protesta antitaurina. Viendo a los sujetos, sus pintas y características me juego mi abono que son de los que se ponen detrás de cualquier pancarta anti lo que sea. Antitoros, antinotoros, antibokatas sin chorizo, o con chorizo que el cerdo es un ser vivo…..bueno el caso es que cada uno puede pensar lo que quiera y protestar lo que quiera. De eso no cabe duda. Pero tener que soportar insultos me parece un escándalo y una falta de educación.

El caso es que de repente llegaron los coches de los toreros y estos les pitaban e insultaban. Tanto que la gente que iba a la plaza, que era mayoría, se amedrentaba.

Hasta que llegó él. Un aficionado bilbaíno, de los de apellidos vascos, que no pudo soportarlo. Caminaba orgulloso de ser aficionado. De amar la fiesta. De querer ser mejor aficionado. Caminaba con su sombrero cordobés y su cámara de fotos. ¡Caminaba un aficionado a los toros coño! Y tuvo la decencia y el valor revelarse ante la ignorancia. Ante el insulto barato. Ante el voy contra todo lo que desconozco. Y es que en ese cartel caminaban un sin numero de extremaunciones juntas. Y Carlos alzó sus manos y se puso a aplaudir a los toreros. Tras él su compañero de esa tarde. Le seguí yo por vergüenza torera. Y después todos los demás. Sin complejos. Orgullosos de ser lo que somos. Orgullosos de nuestra afición. Orgullosos de los toreros que aplaudíamos. Orgullosos de amar este arte

Y en ese preciso instante los aplausos hicieron ensordecer ala multitud. NO necesitamos gritar. No necesitamos insultar a nadie. No necesitamos desear la muerte el prójimo. Solo necesitamos alzar nuestras manos libres. Libres al igual que las de los toreros que mecían las telas. Libres como los toreros que han sido alguien en la fiesta. Libres como la más grande de todas las artes. Libre como la Tauromaquia

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