Wellington

Hablé con José Ramón en la preferia de Sevilla. Exponía en un hotel de la capital hispalense. No pudimos vernos por la providencia. No era en esta ocasión una exposición amplia de obras. Eran más bien unas pocas combinaciones de fotos y metal. Fotos suyas enmarcadas en obras metálicas. Tenía su encanto la verdad. El metal hacía reberberar los colores de los trajes de luces. Combinaciones sugerentes. Deslumbrantes.

Pero ya me habían avisado que la exposición que venía para San Isidro era de pelicula. O de revista. Pero no precisamente de toros. Podría ser para una revista de esas que hablan de tendencias de moda. O de solistas de grupos musicales yanquis. Era en definitiva una exposición fotográfica de José Ramón Lozano.

Y es que algo está cambiando en el  munco de los toros. No hace falta decir que existen grandes fotografos taurinos. Pero este maquinista de fotos va un paso más allá. Indaga en la persona y la muestra tal y como es. E incluso refleja lo que todos pueden llegar a imaginar: un ser que va más allá del toreo. Una persona que se enfrenta a la muerte todas las tardes y que vive por y para ello. En definitiva un matador de toros. Dentro y sobre todo fuera de la plaza.

Por eso le eligió Morante y por eso es ahora Manzanares a quién acompaña.

Y para que de esto quede constancia yo doy fé. Y la doy viendo la fotografía que le hizo a Morante en el Hotel que ahora expone. Hotel de toreros. Principio y fin de la tarde como el mismo dice. Fotografo de Tauromaquia. Y fotos más allá del toreo. En definitiva, un artista de la camara. Un maestro templando las embestidas de la realidad con el zoom den sus dedos. Un torero trás la camara.

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